
He comenzado el año pintando. Ni bien ni mal, sino todo lo contrario, como el año que acaba de comenzar. Es decir que, como siempre, dependerá exclusivamente de nosotros el cómo nos quede el "cuadro" a final de año.
En los escasos dos días que llevamos del recien estrenado año yo no he notado nada nuevo. Nos intentan convencer de que si el nuevo año cambiará esto o aquello. Para mí la noche del 31 ha sido la misma tocada de pelotas que las veces anteriores, sólo comparable a la de los días de mis cumpleaños. Una desalentadora melancolía que no tiene mucho sentido pero que aprieta como si de algo realmente importante se tratara.
Os dejo que veáis la trastienda de lo que será un cuadro, o no. Está por ver a dónde me van a llevar los colores que vaya dejando caer sobre este trozo de tela de casi dos metros. La excusa de esta vez es una antigua foto en blanco y negro en la que veo a mis padres cuando eran todavía unos críos y no se imaginaban la que se les venía encima. Al mirarlos, mientras encajo el dibujo, se me antoja que me estoy haciendo un autoretrato aunque no aparezca en la imagen. Estoy intentando imaginar ese día de picnic en el campo, en cómo eran sus vidas, qué pensaban el uno del otro, qué pensaban de ellos mismos, qué ilusiones tenían. Mientras dibujo, recuerdo momentos de mi niñez. Los mezclo en la paleta con su presente y me veo perfectamente reflejado en muchas cosas e igual de perfectamente diferente a ellos en muchas otras.
En cualquier caso contento de volver a coger un pincel, con todo lo que ello implica para mi. Pero decepcionado de que a las 00:00 del 1 de Enero del 2010 no cambiaran las cosas como si de un cuento de hadas se tratara. ¡Buen cuadro 2010 a todos!







